Células cancerosas: todo lo que debes saber

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Las células cancerosas presentan mutaciones en su ADN, es decir, cambios que alteran el material genético presente en cada una de ellas. Esto ocurre por diversas razones que incluyen factores hereditarios, malos hábitos o exposición a sustancias tóxicas.

Al día de hoy se han descrito más de 100 tipos de cáncer. Esta patología afecta a todos los mamíferos, con excepción de un roedor llamado ratopín o rata topo desnuda. La detección temprana de la enfermedad mejora de forma significativa el pronóstico y es por ello que los esfuerzos se centran en las campañas de rastreo y cribado para sus formas más frecuentes según la edad.

El cáncer un proceso por el cual las células normales sufren cambios llamados mutaciones. A raíz de ello, comienzan a reproducirse de manera incontrolada. Esto ocurre por una predisposición genética, pero también por el estilo de vida y el medio ambiente al que nos exponemos.

Para que el cuerpo funcione de forma adecuada debe haber un balance entre el nacimiento y la muerte de las células. El organismo tiene mecanismos para garantizar este equilibrio, pero cuando fallan se produce esa reproducción celular indiscriminada que da origen a las neoplasias.

De acuerdo con las células en las que se origina el cáncer, esta enfermedad se clasifica en cinco grupos:

  • Carcinoma: cuando las células cancerosas están en la piel o en las zonas superficiales de los órganos internos. Es el tipo más común.
  • Sarcoma: si se origina en las células de los tejidos conectivos, es decir, en los huesos o los tejidos blandos. Estos últimos comprenden músculos, vasos sanguíneos y otros tejidos de sostén.
  • Mieloma: este tipo de cáncer viene de las células de la médula ósea.
  • Linfoma: en este caso, las células cancerosas son los linfocitos, los que forman parte del sistema inmune.
  • Leucemia: ocurre cuando la médula ósea produce una cantidad excesiva de glóbulos blancos no maduros. Se considera un cáncer de la sangre.

Descubre: Leucemia mieloide crónica

Hay muchas diferencias entre las células normales y las células cancerosas. La primera de ellas es que las normales dejan de reproducirse cuando su número es suficiente para realizar la función que les corresponde. Las cancerosas, en cambio, siguen sin control.

Otras diferencias relevantes se vinculan a la interacción celular. Las cancerosas no responden a las señales enviadas desde otros tejidos, mientras que las normales sí lo hacen.

Por otro lado, cuando las células normales se dañan o envejecen, lo que sucede es que se reparan o mueren. Esta sería la evolución esperable para el funcionamiento adecuado y el mantenimiento de las funciones. Las cancerosas no lo hacen. Esto explica, en parte, la apariencia irregular y el incremento de tamaño del núcleo.

A la hora de adherirse, las células normales secretan sustancias que les permiten unirse a otro grupo celular. Las células cancerosas no hacen esto, sino que viajan por el cuerpo provocando metástasis, o sea, formando nuevos sitios tumorales cercanos o lejanos a la zona de inicio.

¿Qué son, entonces, los tumores?

Los tumores son, por lo tanto, masas que se forman por la multiplicación descontrolada de un grupo de células de cualquier tejido del cuerpo. El hecho de ser tumor no significa de inmediato que haya un cáncer. Aquí debemos hacer las diferencias.

Un tumor es benigno cuando su crecimiento no es desproporcionado ni agresivo; además, no invade los tejidos cercanos ni hace metástasis, es decir, no se extiende hacia otros órganos del cuerpo. Por otro lado, un tumor es maligno cuando la masa está formada por células cancerosas y, por lo tanto, puede invadir los tejidos cercanos e incluso alcanzar otras regiones.

Lee también: Tumor maligno y benigno, ¿cuáles son las diferencias?

El proceso de la enfermedad oncológica va desde que se forman las células cancerosas hasta que el cáncer llega a su etapa terminal. Esto puede durar meses, años o incluso décadas enteras. No siempre la evolución es la misma y los factores que intervienen son incontables.

Las etapas del cáncer son las siguientes:

  • Etapa 0: corresponde al momento en que aparecen las células cancerosas originadas por una mutación. Es la fase más larga y en ella se produce la multiplicación descontrolada. No produce síntomas y se hace improbable diagnosticarla.
  • Etapa I: se denomina fase in situ y en ella ya se puede observar la lesión cancerosa bajo el microscopio. Es posible hacer un diagnóstico precoz en algunos tipos.
  • Etapa II: las células cancerosas comienzan a invadir los tejidos adyacentes y por eso se conoce como invasión local. En algunos casos ya aparecen síntomas.
  • Metástasis o etapa III: la enfermedad se expande y afecta zonas distintas al lugar de origen y a los tejidos adyacentes, por lo que se le conoce como invasión a distancia. Hay sintomatología, la que puede ser severa.
  • Etapa IV: la fase terminal es la de la enfermedad progresiva e incurable. Hay síntomas severos, en particular un dolor intenso característico que solo admite cuidados paliativos.

Hay varios tipos de tratamientos para el cáncer y lo más habitual es que se empleen de forma combinada. El equipo médico valora cuál es la mejor opción, en función de cada caso y de los protocolos vigentes. Cada país ha desarrollado, en términos generales, guías de abordaje terapéutico para establecer los protocolos adecuados.

Cirugía

Se lleva a cabo para extirpar tumores sólidos. Lo habitual es que sea insuficiente para remover las lesiones microscópicas que puedan estar alrededor de la lesión primaria. Por eso es común es que se combine luego con quimioterapia o radioterapia.

Quimioterapia

Es un tratamiento que se vale de la administración de fármacos o sustancias químicas para destruir las células cancerosas. Lo que hace es impedir que tales tumores crezcan y se reproduzcan. Sin embargo, puede dañar células sanas.

Radioterapia

La radioterapia es un procedimiento en el que se emplean rayos X o de otro tipo de partículas para destruir las células cancerosas. También se utiliza para reducir el volumen de los tumores.

Otras opciones

Otros tratamientos para el cáncer son la inmunoterapia, la terapia dirigida, la hormonal y los trasplantes de células madre. La medicina de precisión ayuda a definir cuál es el más adecuado para cada paciente en particular.

Un estilo de vida saludable es la mejor manera de prevenir el cáncer. Hay medidas muy sencillas que resultan eficaces para impedir que esta peligrosa enfermedad se desarrolle. Lo más aconsejable es seguir estas pautas generales:

  • Evitar el consumo de tabaco: el tabaquismo se asocia, sobre todo, con cáncer de pulmón.
  • Mantener una dieta saludable: la inclusión de vegetales ha demostrado efectos beneficiosos.
  • Realizar actividad física: de forma regular.
  • Protegerse del sol: el cáncer dérmico es susceptible de desarrollarse por el efecto de los rayos ultravioletas.
  • Vacunarse: en la actualidad disponemos de inmunizaciones contra la hepatitis B y el virus del papiloma humano, lo que previene cánceres de hígado y de útero, respectivamente.
  • Hacerse un chequeo médico: la periodicidad en los rastreos es una medida simple y económica que evita progresiones malignas. Las mamografías, las colonoscopías y las citologías uterinas ya han probado su eficacia desde hace años.

El cáncer cambia la vida de quien lo padece y de los que están a su alrededor. Nunca se debe dejar de insistir en la importancia de prevenirlo mediante el autocuidado, expresado en un estilo de vida saludable.

Hoy en día la ciencia ofrece muchas oportunidades para detectar esta enfermedad a tiempo y tratarla con buenas probabilidades de éxito. Tras haber padecido cáncer, también se debe tener cuidado, ya que existe la posibilidad de que reaparezca, sobre todo en el marco de patologías crónicas.

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Fuente: Mejor con Salud

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